temo que ellos no recuerden nada, que no sepan que existí, que se mueran bien muertos sin yo haber sabido lo que fui, sin que me cuenten las travesuras o las tristezas.
temo que nunca nadie me cuente nada sobre mi vida, ya que me siento hoy como una desaparecida buscando su identidad en un zoológico.
me da horror observar como no recuerdan otra cosa más que los defectos de quienes ya están muertos, las alegrías jamás se recuerdan. El bosque y la noche. Vivimos en el mismo espacio sin poder vernos las caras, porque falta la luz, la claridad entre los árboles del bosque, inmenso, finito, que es este curso de vida-no vivida a placer de una.
y cuando el día esclarece, y los rayos inmutables del sol recortan la afilada silueta de los troncos, se dejan ver las sombras que siempre van a estar ahí.
El bosque es tupido de sombras. Los árboles son mis recuerdos, y aquella luz me quema mucho
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