La memoria falla. En la noche intento sostener las palabras que cuelgan de un andamio donde está subida la mujer que pinta cosas en el cráneo, dibuja bestias, infiernos y niñas; pero las palabras caen al vacío. Un vacío tan lejano donde la memoria se vería como una estrella, un punto claro, como una boya en el mar.
Saber. Lo que no está decrépito y querer escribirlo y que los esfuerzos sean como agua de rocío, débiles, inoportunos, con carencias profundas e inservibles. Se habrá roto el lazo de seda roja, lo que quiere decir que no puedo atarlos ni provisoriamente. Qué lastima pienso mientras escribo lo que lamento. Una cueva fósil sin utilidad para tantas infinidades que existen para nombrarse. Una nena que está queriendo salir del ahogamiento que le causa una marea de espesas piedras de arena. El bote que no llega, se hunde en el canal de las memorias no concebidas, allá en el vacío. La niña se ahoga.
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