miércoles, 21 de marzo de 2012

avistamiento o confusión

Lo avistaba alejandose, iba dando pasos precipitosos, esquivando las horas y las hojas que iban cayendo porque ya era el día del otoño, el día en que alguien supo que regresaría. No hay más opciones que las que se amontonan y luego caducan por efímeras. No hay un avistamiento más mágico que cuando uno no es capaz de ver nada a lo lejos. Algún día volverá, pensaba y mientras saboreaba el gusto amargo de mentirse a uno mismo. Cada hoja que cae en cada segundo significará que él ya habrá dado otro paso más hacia el frente, hacia algún lado que ya no debería importar. Si agachaba la cabeza, tampoco importa. Es la forma en la que camina lo que lo anuncia, la que manda mensajes al aire antes de corromperlo con su cuerpo. Puedo presentir que el aire se resiste a su perfume. O que su respiración cesará a causa de un cambio temporal de sustancias con el viento. Anhelo su llegada algún día. Quizás se molestó demasiado, quizás lo molesté lo suficiente. La ilusión me destruye por un momento, hasta que termino con olor a letargo. Los árboles de la cuadra extrañarán. Los perros y los gatos alejarán sus preocupaciones para enforcarse en cosas más importantes que ladrarte o maullarte. Todavía no entiendo cómo supieron dejarte ir. Entenderé que el mar, que la primavera o el otoño, o que las casas o el cemento, desaparecen; pero vos? Estarás aguardando que no te nombre, y esta vez te dejaré ganar. El cielo virgen te dejará ganar sólo esta vez.
Empiezo a nublar cada cosa que observo. Y si no esperara, cuál sería la visión? podría identificarte en algún sueño? Estoy en alerta, pero no sé si es así o es que quisiera estarlo.
Seguís yendote y aguardando tu caballo. No irás más lejos si vas más rápido, sobretodo si alguien intenta volverte. Ya no sé si se trataba de vos o de el viento. No sé de qué color se impregnaban las cosas mientras intentaba contemplarte; y todo olía a equivocación, todo fue como hierro pasado por hielo pero en otoño. Esas flores siempre estuvieron al margen, algo tan lindo no se puede comprometer con la ausencia (cómo pueden dejar flores en sus cementerios), pero casi se deslucen cuando tu calma poseyó el camino, para ellas o para mi fue partida al fin. Concluyo como todas las cosas que perecen infinitas veces, algo como el viento no debería caminar, me dije, no se trataba de vos. Era aire con impulso, iluminó casi todo. Y algo adentro mío se fue extinguiendo, no se trataba de vos. No se trataba del viento.

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