jueves, 22 de marzo de 2012

puente y semáforo

Llega un momento donde casi me duermo. Es sólo un instante donde algo va decayendo muy despacio, hasta que entiendo que son mis ojos. Debería ir mirando al frente y el río me desconcentra, y los autos y las curvas me devuelven al lugar donde voy conduciendo. El puente me ignora y lo sufro. Somos extensos gusanos recorriendolo, cruzando el agua y él no se entera. Parece importarle tan poco su función, había que hacer de puente en el jardín? Será un acto sin pretensiones, lo aseguro. Dame la mano, y vas a sentir un cruce, aunque no sepas bien dónde no hacia qué. Contracorriente de tus ganas, lo vas a soportar como sabés o como podés. Ya te imagino extendido en el suelo imaginandote todo esto. Llamandome en silencio o con tu cuerpo exacto de movimientos. Sabré conducirte? Ser lineal y que llegues hacia allá? Todavía no llegamos. Sabré yo hacerte llegar? No esperes que sea un lugar fantástico, ya te expliqué que existen espacios por adentro. Te acordás del tesoro del que hablé? Tiene algo de eso. Tus ojos me interpretaron algunas cosas que no podías decir. Vos nunca te miraste a tus ojos, no sabés (todavía). Quizás cuando llegues sea más posible o verdadero. Tal vez te encuentres para buscarme de nuevo. Siempre me viste al final del tobogán con los brazos extendidos, esto es exacto. No ladees la mirada para considerar el tiempo y como se extiende a lo largo del día, te prevengo de algunas tormentas muy precisas a mi edad, de no esperarse, no obstante estarías tentado a correr riesgos; esto es propiamente mi herencia en particular. No dudé de mantenerme despierta.
Cuando sea conveniente me soltarás, vas a decidir qué hacer. Seguiré cruzando el puente cada mediodía y la reflexión saldrá de mi como a vos una risa y la observación de un velero. Luego otra vez la calle, iguales a las anteriores al río. Los semáforos, idénticos colores tan comunes, vos me señalás cuando parar y con toda la obediencia te lo agradezco. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario