lunes, 28 de mayo de 2012
a quién adoro
quién me olvidó
con una canasta de flores devastadas
quién me vió cansada
alumbrando con mis manos
en la noche del bosque
cuando me impedían cantar
murciélagos con ojos vistosos
renunciaron a la persecusión
de una sombra igual o más oscura
importa que caminé tanto
la suela es un tapiz verde
y sólo abajo
era capaz de temblar
cavernas de techos móviles
me ampararon del vuelo aquel
exhausta la garganta
el pecho los oídos
los ojos
de escuchar aullidos
¡y no podía verlos!
el aire consistía en palparse
si áspero, bruma de mar
si liviano
se trataba de polvo
LLagas y exposiciones rojas
profundas zanjas rojas
me adormecieron los pasos
lo cual facilitó
casi todo
Corro y alguien se olvida de mi
pero yo iba por delante.
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