Sentirme invencible por alentarte
a construir tu propia luz.
Te enviaré por tierra
sabias instrucciones para
sacudirte las malezas
un mechón de mi cabello para atar
tus zapatos
y para que te sueltes las ganas
un denso despertar de golondrinas
del mar,
todo esto para que sepas caminar
y llegar a la isla que señalaste
en el plano.
Será una distancia discutible,
si te recuerdo vendrás, ya con
las mismas instrucciones
con ese caminar modificado,
a desprenderte de mucha arena y
comer algunas frutas
Bañarte en mi, beber de mi.
En tu calma se desprenderán
pequeñas almohadas
donde dejaste dormir cada sueño
donde me nombraste.
Volverás, te imagino, como
envuelto en una llama
que te acompaña uniéndose a vos
en algún punto de tus manos
donde te movés y todo el fuego te
sigue.
Y no porque encarnes mil veranos
juntos me darás calor.
Sino porque las manos frías
vivirán el reencuentro
y así sea sólo eso, se mantendrán
a salvo.
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