y su arco era mi espalda de noche...
en aquel pedestal te colgué
y no has bajado aún,
a estas horas comunes del encuentro
(y lo espero y le cuento:)
mientras dormía ayer
lo soñé en mi usurero pueblo en verano
lo pensé cansado sobre el viento
como caminando en su contra
y al revolearle el pelo
se le desenrredó la idea de mi;
precisó cerrar los ojos
porque la sal del mar
cosecha tristezas en las miradas de afuera
(no sea cosa se le instale la lejanía de los dos)
apresto de manos,
panorámicamente las coloco entre sus sienes
se cierran las puertas del paisaje,
y ya no ve sino me mira lo oscuro de las palmas
dése la vuelta, le desenfundo la vista
esto soy yo, y esto es para usted.
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