viernes, 13 de junio de 2014

tres cigarrillos

Tenía dos cigarrillos y no lo sabía. Había esperado a su amiga hasta horas inconcebibles, pero recibió un mensaje donde le comunicaba su ausencia. Y ella ya tenía dos cigarrillos y no lo sabía.
Se apresuró a encontrar su encendedor, ya despistado, sin utilidad, y se dirigió hacia el patio con su vaso de cerveza intacto. Se acomodó en la reposera que yacía en el patio a la intemperie, se sentó y se dispuso a leer un cuento que le había llegado hacía unas horas.
El cuento sobresalía por su falta de libertad, por un confinamiento inesperado, por una carencia de visibilidad de cosas esenciales.
Ahora entendió todo.
Extrañaba a su gato, como aquella persona del cuento. Ringo, recordó, realmente la quería.
Empezó a tiritar de frío, allí sentada en la cómoda reposera donde jamás había tomado un sorbo de sol.
Se dio cuenta que el cigarrillo la había mareado y depositado en un estado masivo de ansiedad.
Prosiguió a adentrarse en su casa nuevamente, esta vez para concentrar un poco el calor, no más.
Inmediatamente le urgieron ganas de fumar otro cigarrillo, pero en otro lado que no significara afuera, que no hiciera frío (aunque en verano), que no se perturbara por ruidos ajenos que en ese horario el barrio pregonaba.
Se arrinconó en su garaje. Prendió un cigarrillo y pensó: Acá estoy, el motor de la heladera se apagó, ya casi puedo oír el silencio, las cervezas se acabaron, mi cigarrillo sigue andando, mi gato donde estará bien cuidado si no es aquí conmigo y mis cariños diarios, mis ganas se hallan conmovidas por un cuento que recién leí. Donde estaría mejor sino es aquí. Dónde podría vivir si no es aquí. Cuantas horas me sobran para dormir? Es tan significante no desear persistir?
El sueño y el frío son esos protagonistas de siempre.
Tenía un dibujo pendiente, que no podía terminar sin el apañamiento de un cigarrillo.
Su amiga no llegó nunca. Ella encontró dos cigarrillos y los echó para sí misma.
Esa noche no pudo ni dormir en su cama, estaba ocupada.
La noche se le ensimismó
Como algunas veces el rio se contempla sobre la orilla y pretende extenderse un poco más,
así obró ella.
Se quedó unos instantes más, fumando, escribiendo,
diciendo,

que tal vez si hubiera sido distinto no habría leído el cuento y caído en el reconocimiento de que su gato falta y lo siente, de que promete, de que se somete al amor sin darse cuenta a veces... de que se estaba enamorando del presunto escritor del cuento, de que había caído en la cuenta de que había caído de nuevo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario