martes, 13 de septiembre de 2011

Elegí sombra. Temo que me representa bien ahora. A veces soy simplemente como una sombra caminando sobre mis pies, achatada y oscura. Camino por debajo de pies extraños, la gente me aplasta pero parece que ellos no saben. Me siento grande y suelo desaparecer en otras sombras. Soy una torpeza para el cuerpo, obstáculo visual que haría todo tan ameno si me extinguiera, si el sol.
Sobre mi hay un espacio de frío donde nadie quiere sostenerse. Soy una sombra hoy y me cuesta ser sombra. Hay que soportar el frío de las calles, y saber caminar al ritmo común. Hay que traspasarse con objetos punzantes y enormes. Con cuerpos vivos. Me cuesta mucho ser sombra.
En la noche no preciso ser sombra, todo es sombra, todo es chato y oscuro, como alguien aquí. Es la inmensidad echa sombra. Es la cueva de todos los miedos de un animal cautivo. La noche es algo así como la gran sombra que nadie evita. Las sombras de día no podemos. No somos. Nos quedamos en la noche.

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